Sirvan estas líneas para romper hoy con nuestra "línea" habitual y recordarle.
Querido Padre Carlos:
Te escribo estas palabras desde el corazón. Cierto es que los homenajes deben ser en vida y alguno recibiste por tu incansable labor en todos estos años al servicio del Evangelio, pero eras tan humilde que huías de halagos y reconocimientos.
Sería interminable hacer mención de todo lo bueno que hiciste. Cuánto has dado gratis a todos los que hemos estado a tu alrededor. Cuánta Gracia recibida de tus gestos, tus palabras, tus ocurrencias... Qué presente me hacías al mismo Cristo cuando veía tu actitud ante la vida. Fuiste uno de esos curas por los que la Iglesia jamás será reconocida. De esos que tendía la mano por encima del hombro al que venía a pedirte y le decías... vamos a tomarnos un café... Recuerdo incluso la ocasión en que alguien llegó a pedirte comida y le diste hasta la olla, ganándote una reprimenda por parte de tu hermana por dejarla sin "avíos" de cocina.
Aprendí de tí que todo momento es propicio para alabar a Dios. Recuerdo que una vez me preguntaste que cómo estaba y se me ocurrió responder con la expresión. "aquí vamos tirando" y me respondiste: "¿Cómo que tirando?... Alabando a Dios es como tienes que estar", desde entonces hice también mía esa expresión.
Aprendí de tí la humildad y la claridad de ideas. No a ser un cristiano light o a hacerme un cristianismo personalizado a mis circunstancias, sino a ser un auténtico discípulo, como tú lo eras. En este mundo tan material necesitamos tener auténticos mediadores, seguidores entusiastas del crucificado para reforzar nuestras constantes crisis de fe. En la oración, el silencio, la ilusión, la disposición, la voluntad que tú nos trasmitiste en vida tuve siempre esa referencia, esa luz que brilla en medio de las oscuridades cotidianas, la sal buena que cumple su misión y da su vida por los otros para que vivan.
Aprendí de tí a no juzgar, a tener paciencia con los que me rodean, a ponerme en lugar del otro, a contemplar que a pesar de todos nuestros aires de grandeza y de soberbia somos realmente débiles, aprendí a dar no una ni dos, sino interminables oportunidades a los demás.. a fin de cuentas, a tener misericordia, a perdonar como yo soy perdonado.
Aprendí de tí que el Evangelio no es teoría sino experiencia. Aprendí a no buscar la Vida donde no la puedo encontrar sino a acudir a la misma Fuente a la que tú acudías.
Aprendí incluso que hasta las despedidas o los "hasta luego" que nos impone la muerte no han de ser tristes, siempre dijiste que aunque la separación fisica es dolorosa, ver la muerte como algo triste es no tener esperanza. Tú sabes bien, ahora que estás en tu Patria, que esto es así. Siempre me llamó la atención la naturalidad con la que tomabas este hecho. Por tanto, el hasta pronto que te dirijo hoy es proclamar que igual que Cristo, tú hoy has resucitado.
Padre Carlos, acuérdate e intercede por nosotros.


ES VERDAD, TODOS LOS ALAGOS SON POCOS PARA CARLOS QUE HA DEJADO EL PABELLON BIEN ALTO. YO CREO EN DIOS Y EN LO DEMAS, LO QUE NO CREO ES EN EL MONTAJE DE LA IGLESIA CURAS INCLUIDOS, AUNQUE ALGUNO SE SALVE COMO ES EL CADO DE CARLOS.
Estoy de acuerdo con uno mas, mi padre trabajo con los hermanos de la Salesianos, y en aquella epoca habia un hermano que escribia articulos sobre sus experiencias, se dedicaba a ir al barrio chino de la ciudad, a atender en las carceles vamos a los mas desfavoridos una persona increible, lo que sucede que como en todo siempre suena mas lo malo que lo bueno.
Has hecho justicia. Has dicho palabras de Verdad. Tú que escribes estas historias frívolas hoy has dejado hablar al corazón. Yo te bendigo, amigo.